
Edición 065/2026
Buenos días Chihuahua, hoy es 7 de septiembre de 2026.
La Universidad Autónoma de Chihuahua, nuestra Alma Mater atraviesa una de las etapas más oscuras de su historia reciente.
No es una afirmación ligera ni producto de la exageración: basta caminar por los pasillos, entrar a los salones de las distintas facultades, escuchar a los estudiantes y observar el deterioro generalizado para comprender que la institución que alguna vez fue orgullo académico del estado hoy se encuentra abandonada, desordenada y sin rumbo.
El rector Luis Rivera Campos, lejos de encabezar un proyecto de rescate, parece haber profundizado la crisis heredada. Y lo más grave: lo hace con una desconexión absoluta de la realidad universitaria.
En múltiples facultades, los salones carecen de lo básico: Sin proyectores, sin iluminación adecuada, sin aire acondicionado, sin mobiliario suficiente, sin material académico elemental.
Los estudiantes reportan incansablemente en redes sociales y públicamente a medios que en algunos grupos no hay maestros asignados, o los docentes llegan tarde, faltan o simplemente no existen en la plantilla. La improvisación se ha vuelto norma.
La UACH, que debería ser un espacio de formación profesional, hoy funciona como un conjunto de edificios que sobreviven por inercia, solo eso.
El Campus Uno, corazón histórico de la universidad, enfrenta un grave problema de suministro eléctrico. Cortes constantes, fallas en transformadores, instalaciones obsoletas y riesgo para equipos y laboratorios.
La solución por la falta de capacidad de suministro depende de la Comisión Federal de Electricidad, pero la gestión del rector ha sido tan deficiente que el problema lleva años sin resolverse, afectando clases, prácticas y actividades esenciales. No les interesa pues.
La pregunta es inevitable: ¿dónde está la administración universitaria cuando la infraestructura se cae a pedazos?.
De las malas condiciones en que se encuentra la Ciudad Deportiva ni que decir, es otro tema aparte.
Las protestas estudiantiles se han vuelto frecuentes en las últimas semanas al arrancar el ciclo escolar. Jóvenes que exigen condiciones mínimas para estudiar, que piden seguridad, maestros, insumos, transparencia.
Pero el rector no los atiende. No los escucha. No aparece.
La comunidad universitaria lo señala de estar más preocupado por sus viajes que por la universidad. Y no viajes académicos: viajes para ver partidos de futbol americano en Estados Unidos, juegos de beisbol y hasta basquetbol de los cuales es un asiduo aficionado.
Mientras los estudiantes protestan por falta de agua, luz o maestros, el rector acumula fotografías en estadios acompañado de sus amigos más cercanos.
Hay quienes afirman dentro y fuera de la UACh que Luis Rivera Campos y su antecesor, Luis Fierro, han sido los peores rectores de la UACH en la última década.
El anterior rector enfrenta varias órdenes de aprehensión por presuntos manejos irregulares que superan los 800 millones de pesos, expedientes que siguen en manos del Ministerio Público local. Lleva más de ocho amparos promovidos para evitar ser detenido y nadie sabe donde está. Luis Fierro da clases virtuales en filosofía.
Y el actual rector parece seguir el mismo camino, pero con un toque de frivolidad: instaló una cancha de basquetbol dentro de su oficina, en pleno edificio histórico marco los pisos como si fuera una duela y pone a tirar bola a sus invitados en su despacho. Hasta tiene una tómbola con pensamientos «positivos» que sacan los visitantes. Un símbolo grotesco del desdén por la academia y la institucionalidad.
La apertura de nuevas carreras sin estudios de factibilidad, sin infraestructura, sin maestros suficientes y sin laboratorios adecuados ha generado caos académico. Programas improvisados, estudiantes desorientados y facultades saturadas.
La UACH no crece: se expande sin sentido, como si abrir carreras fuera un acto de propaganda y no una responsabilidad educativa.
La universidad sufre una profunda crisis. No es solo un deterioro administrativo: es un colapso moral, académico y financiero.
Y si la historia reciente sirve de referencia, el rector Luis Rivera Campos podría enfrentar un futuro judicial similar al de su antecesor.
La Universidad Autónoma de Chihuahua no es un edificio, ni una oficina con una cancha de basquetbol, ni un pretexto para viajar a partidos deportivos.
Es la casa de miles de jóvenes que buscan oportunidades, formación y futuro.
Hoy, esa casa está abandonada tristemente, han abusado de ella.
La universidad necesita alguien quién la rescate, que impulse liderazgo y responsabilidad.
Lo que tiene, por ahora, es abandono.
Usted que opina estimado lector.






