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La caída de “El Mencho”: el vacío en seguridad que México dejó crecer

El país esta pagando las consecuencias por los años de inacción del gobierno federal en materia de seguridad.

Edición 043/2026

Buen día Chihuahua, hoy es martes 24 de Febrero de 2026.

La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho” en un operativo de captura por parte del Ejercito y la Guardia Nacional, representa uno de los golpes más significativos al crimen organizado en los últimos años. Pero, lejos de significar un cierre de ciclo, abre un periodo de incertidumbre peligroso que México no estaba preparado para enfrentar.

La detención del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) no ocurre en un país fortalecido institucionalmente, sino en uno que pasó más de siete años bajo una estrategia debilitada que evitó confrontar a los grupos criminales mientras éstos expandían su poder territorial, económico y militar.

Durante ese periodo, la narrativa oficial del lopezobradorismo y en el primer año de Sheinbaum insistió en que la violencia disminuiría si el Estado dejaba de ejercer presión directa sobre los cárteles. Sin embargo, la realidad fue otra: los grupos criminales aprovecharon la ausencia de contención para fortalecerse, diversificarse, reclutar, armarse y disputar regiones completas. Hoy, con la caída de su líder máximo, el CJNG no se desmorona: podría  fragmentarse y cada fragmento buscará sobrevivir a través de la fuerza. Más con todo el poderío armamentista con el que cuentan.

Ayer vimos casi llorar al secretario de Defensa el genera Ricardo Trevilla en la conferencia mañanera al recordar a los militares caídos, empero hay que señalar que la intervención del Ejército ahora sí con despliegues masivos, operativos simultáneos y presencia en zonas antes intocables, llega en un momento en el que los cárteles ya no son simples organizaciones delictivas: son estructuras paramilitares con alta capacidad de fuego, inteligencia y control social. La tardanza no es un detalle técnico; es un factor político determinante que explica por qué el país enfrenta un escenario más difícil que en sexenios anteriores.

Mientras el Estado gobernado por la izquierda apostaba por la contención pasiva, los grupos criminales consolidaron sin duda un mayor control territorial en corredores estratégicos, impulsaron economías paralelas basadas en la extorsión, minería ilegal, tráfico de migrantes y narcomenudeo. No bajaron en su capacidad de reclutamiento mediante la amenaza, la coerción, pobreza y ausencia de alternativas.

En cambio si avanzaron en adquisición de arsenales y perfeccionaron las tácticas militares que hoy desafían frontalmente a las fuerzas federales.

El abatimiento de Oseguera no desactiva ese entramado. Solo lo desacomoda de momento.

El CJNG se convirtió en la organización criminal mas poderosa de país con entre 25 y 40 mil integrantes. Sorprende al ver los videos la uniformidad de sus tropas, el equipamiento; es otro ejercito paralelo pero del crimen. Hasta la bandera llevan en el pecho y hombros de sus uniformes, son nacionalistas dentro del crimen.

Con la caída de «El Mencho» y la historia reciente del crimen organizado en México muestra un patrón claro: cuando cae un líder de alto perfil, la violencia se dispara, no por la acción del Estado, sino por la disputa interna entre quienes buscan ocupar el vacío de poder. En el caso del CJNG, la fragmentación puede ser aún más agresiva debido a su estructura híbrida: centralizada en su liderazgo, pero descentralizada en sus células operativas.

Lo que viene -dicen los expertos- no es un reacomodo silencioso, sino una pugna abierta entre facciones internas del CJNG, los grupos rivales que verán una oportunidad y las autoridades que ahora sí intentan -ya tarde- recuperar territorios perdidos.

El país se enfrenta en la actualidad a un escenario sumamente difícil, donde la violencia podría aumentar antes de estabilizarse.

Para el gobierno federal y los afines al régimen morenista la caída de «El Mencho” es una victoria institucional. Pero la fuerza del Estado llega tarde, la estrategia de “abrazos y no balazos” permitió que los cárteles se fortalecieran hasta niveles inéditos.

Hoy, el Ejército debe enfrentar organizaciones más grandes, más violentas y más arraigadas socialmente que hace una década.

En conclusión México no puede seguir administrando la violencia como si fuera un fenómeno cíclico inevitable. La caída de Oseguera es una oportunidad para replantear la política de seguridad, pero solo si se reconoce que la omisión también es corresponsable del problema. Ojalá estos gobiernos morenistas hayan aprendido la lección.

Se debe sin duda reconstruir las capacidades locales de seguridad, fortalecer las fiscalías estatales y federales, – recuperar territorios con presencia permanente,  y sobre todo reconstruir verdaderamente el tejido social que los cárteles ocuparon en ausencia del Estado mexicano.

La eliminación de “El Mencho” no es el final de una era, es el inicio de una etapa más compleja, más peligrosa que obliga a México a enfrentar las consecuencias de lo que dejó crecer.

Afortunadamente en Chihuahua por la lejanía de su grado de influencia, no se sintió -hasta el momento- las manifestaciones de violencia como en la mayoría de los estados del centro-sur del país.

Al tiempo.

 

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