Chihuahua, Chih.— En el marco del 135 aniversario del natalicio de Anacleto González Flores, diversas comunidades católicas recordaron este 13 de julio el pensamiento y las advertencias del líder cristero, considerado mártir de Cristo Rey, cuyo discurso mantiene vigencia entre sectores que reivindican su legado espiritual y social.
En uno de sus mensajes más citados, González Flores advertía que “muchos católicos desconocen la gravedad del momento y sobre todo las causas del desastre”, señalando que tres fuerzas —el Protestantismo, la Masonería y la Revolución— actuaban de manera organizada contra el Catolicismo. Según su visión, estos grupos operaban “en todos los frentes, a todas horas y en todas las formas posibles”, desde las calles y plazas hasta la prensa, los talleres, las fábricas y los hogares.
El mártir cristero sostenía que, en esos espacios, “Cristo no reina… quien reina allí es el demonio”, afirmando que el ambiente público estaba impregnado del “hálito de Satanás”. Frente a ello, cuestionaba la pasividad de los creyentes, a quienes acusaba de limitarse a rezar y practicar actos de piedad, dejando vacíos los espacios públicos, educativos y sociales donde —según él— debía afirmarse la fe.
González Flores calificaba como un “crimen histórico religioso, público y social” reducir el Catolicismo a la plegaria privada y temerosa, especialmente cuando —decía— los poderes públicos “matan el alma nacional”. También advertía sobre una “anemia espiritual” que, en su opinión, había convertido a los católicos en “mendigos, renunciando a ser dueños de nuestros destinos”.
El líder cristero llamaba a abandonar la “presunta prudencia” y adoptar la “imprudencia de la osadía cristiana”, criticando a quienes consideraban imprudente defender los derechos de la fe frente a sus perseguidores. Su exhorto final era a la unidad: dejar de ser “un montón de partículas sin unión” y convertirse en “un cuerpo inmenso” con un solo programa, una sola cabeza y una sola bandera para enfrentar la adversidad.
El mensaje culmina con la frase que marcó su martirio y que hoy sigue siendo emblema de su memoria:
“Yo muero, pero Dios no muere. ¡Viva Cristo Rey!”









