El asesinato del alcalde de Uruapan Carlos Manzo Rodríguez ocurrido el pasado fin de semana, ha generado una profunda conmoción en el ámbito político nacional.
La ejecución, perpetrada con violencia y a plena luz del día, ha sido calificada por expertos como un atentado no sólo contra una figura pública valiente, sino contra el Estado de derecho y la estabilidad político-social del país.
José Carlos Hernández, especialista en análisis criminal, en colaboración para HBMNoticias.com expresó que este crimen tiene claros indicios de haber sido orquestado por grupos de delincuencia organizada.
“No se trataba de un político ordinario, sino de un líder con proyección nacional e internacional, comprometido con la seguridad pública”, afirmó.
Según Hernández, la figura del alcalde representaba una amenaza para intereses oscuros (carteles Jalisco Nueva Generación y los Caballeros Templarios) que se han gestado incluso desde las altas esferas del poder. “Su creciente legitimidad popular y su postura firme contra el crimen lo convirtieron en un blanco incómodo”, señaló.
El especialista advierte que este caso se suma a una larga lista de hechos que configuran lo que él denomina un “estado fallido”: ejecuciones, secuestros, extorsiones, desapariciones forzadas, feminicidios, narcotráfico y corrupción estructural.
“Estamos ante una criminalidad empoderada y un gobierno desinteresado en los temas reales de seguridad pública”, sentenció.
Indubitablemente, afirmamos que este artero crimen es producto de la delincuencia organizada, que se fue gestando desde las más altas esferas de poder gubernamental. Esto, por la incomodidad que representó su figura de poder y convalidación progresiva popular, dijo.
Con este y otros casos que se han acumulado, tajantemente afirmamos que vivimos un deplorable estado fallido: Ejecuciones del crimen organizado, imparables secuestros, extorsiones, sitios de entrenamiento criminal, de tortura, adicciones, narcotráfico, hechos de terrorismo local, feminicidios, miles de desapariciones forzadas, miles de familias desintegradas, inocultables hechos de contrabando de combustible (Huachicoleo fiscal), deuda imparable, son la tierra fértil para alimentar vorazmente, a ese monstruo de la destrucción humana.
Vivimos tiempos avasallantes de una empoderada criminalidad irrestricta, de un gobierno frío, arrogante y desinteresado en los verdaderos temas de la seguridad pública. Con este caso con tintes magnicidas y los que, lamentable seguirán ocurriendo, se abre la brecha, para que el pueblo ya despierte y nos unamos en definitiva, a restaurar el tejido social, principalmente las familias, refirió.
Hernández hizo un llamado urgente a la sociedad para reconstruir el tejido social desde las familias y exigir un cambio estructural. “Este magnicidio debe ser un punto de inflexión para que el pueblo despierte y se una en la defensa de su futuro”, concluyó.









