La presidenta Claudia Sheinbaum encabezó el pasado sábado un mitin multitudinario en el Zócalo de la Ciudad de México para conmemorar los siete años de la llamada «Cuarta Transformación (4T).
Desde días previos, se convocó a simpatizantes a través de redes sociales y mensajes oficiales, pero lo que más llamó la atención fue la logística detrás de la concentración.
La maquinaria del acarreo.
Decenas de autobuses provenientes de estados como Oaxaca, Nuevo León, Chiapas, Sonora y Durango llegaron desde la madrugada, con trayectos de hasta 18 horas.
En la Plaza de la República, se repartieron playeras, gorras, banderas y lonches a los asistentes, replicando prácticas históricamente asociadas al PRI.
Alcaldes y líderes locales coordinaron la movilización, como el caso de Manuel Guerra Cavazos, alcalde de García, Nuevo León, quien confirmó haber organizado el traslado de cerca de mil personas.
Algunos asistentes declararon que ni siquiera sabían a qué evento acudían, mientras otros defendieron que habían pagado su propio pasaje, intentando desmarcarse de la etiqueta de “acarreados”.
En su discurso, Sheinbaum destacó que el “renacimiento de México fue con Andrés Manuel López Obrador y aseguró que hoy existe una verdadera democracia que trabaja para todos, especialmente para quienes más lo necesitan.
La mandataria buscó enmarcar la concentración como un acto de unidad y continuidad del proyecto político iniciado en 2018.
Redes sociales: memes y crítica
La otra cara del mitin se vivió en Twitter, Facebook y TikTok, donde circularon:
– Memes comparando la logística del evento con los viejos métodos del PRI.
– Videos de largas filas de autobuses entrando a la capital.
– Fotografías de asistentes con playeras idénticas y bolsas de comida, reforzando la percepción de un acarreo masivo.
– Comentarios irónicos sobre la “nueva democracia con viejas prácticas”, que se viralizaron rápidamente.
La sátira digital convirtió el mitin en tendencia nacional, con hashtags que cuestionaban la autenticidad de la convocatoria y la espontaneidad del apoyo popular.
El evento refleja una tensión entre dos narrativas:
– La oficialista, que presenta la concentración como muestra de respaldo popular y continuidad de la 4T.
– La crítica ciudadana, que denuncia el acarreo como una práctica clientelar heredada del PRI, incompatible con el discurso de transformación democrática.
En términos simbólicos, el mitin mostró la capacidad de movilización del gobierno, pero también expuso la fragilidad de su legitimidad frente a una sociedad hiperconectada que reacciona con rapidez y humor ante cualquier señal de manipulación política.









