
Edición 046/2026
Buenos días Chihuahua, hoy es jueves 12 de marzo de 2026.
En el PAN de Chihuahua ya no se habla de una carrera abierta rumbo a la candidatura por la alcaldía, la cual se deberá definir en los próximos meses. Los que conocen el pulso interno nos aseguran que el abanico de aspirantes se redujo, en los hechos, a dos figuras del primer círculo gubernamental: el fiscal general César Jáuregui y el secretario de Gobierno Santiago de la Peña.
Ambos representan estilos distintos dentro del mismo proyecto político, pero comparten algo fundamental: cercanía con la estructura que realmente decide y uno más que otro, cercanía con la base albiazul. Por eso, más allá de discursos de unidad o procesos internos formales, la conversación en los pasillos panistas se ha ido decantando hacia un duelo de dos.
«No se equivoquen ustedes como periodistas… De ahí va salir el ungido», nos afirma una fuente de alto nivel.
Mientras tanto, otros perfiles que aún suenan y hacen su lucha para jalar reflectores; Alfredo Chávez, Rafa Loera, “Manque” Granados, «El Cabrito» Alán Falomir, parecen van a tomar una ruta distinta: la del alineamiento estratégico. Según operadores del propio partido, estos actores se moverían en bloque para respaldar al ganador, sea quien sea, con el objetivo de mantener cohesión y evitar fracturas que puedan costar en la elección constitucional.
La reciente reunión sostenida en conocido restaurante de alta gourmet en el centro histórico, de la mayoría de estos contendientes es la línea que vendrá.
Ese cierre de filas no es menor. En un contexto donde la oposición busca recomponer su narrativa y penetrar entre el electorado mediante los millonarios recursos de los programas sociales, el oficialismo intenta retener espacios clave, la alcaldía de Chihuahua es una pieza demasiado importante como para llegar divididos. Por eso, la señal que envían los grupos internos es clara: competir, sí; romper, no.
La verdadera disputa, entonces, no está en cuántos quieren, sino en quién de esos dos logrará convencer a la estructura cupular y operativa de que garantiza continuidad, estabilidad y sobre todo competitividad electoral. Y en ese terreno, la contienda ya se juega en un carril muy estrecho.
El PAN suele presumir procesos ordenados, pero también es un partido donde las decisiones se toman con cálculo quirúrgico. Si algo deja ver este reacomodo es que la definición no tardará demasiado. Y cuando llegue, el resto del panismo ya habrá elegido su papel: acompañar al elegido y asegurar que la casa azul llegue unificada a la batalla mayor.
Al tiempo.









