La incertidumbre y la indignación crecen en torno al caso de los ahora denominados “mocha orejas”, luego de que la Fiscalía del Estado de Chihuahua no haya dado a conocer avances significativos tras el brutal ataque ocurrido la tarde del pasado martes en la colonia Ponce de León.
Cinco sujetos armados, con pistolas y armas blancas, irrumpieron en un domicilio donde se encontraban Ismael Chávez Zubia (48 años) y Teresa González (45 años). Por más de dos horas, la pareja fue sometida a una tortura inimaginable: golpes, heridas con cuchillos y el macabro detalle de marcar en la piel de Ismael las iniciales “GN”.
El hecho movilizó un fuerte operativo policíaco. Gracias a las cámaras del PECCU y del sistema Centinela, se logró identificar un vehículo Toyota que fue rastreado hasta el suroriente de la capital. En esa acción, se aseguró a una pareja:
• Fanni Lizbeth, de 35 años
• Aron Alfredo, de 27 años
Ambos fueron detenidos bajo sospecha de haber participado en el crimen. Él afirmó que únicamente fungió como chófer, mientras que ella alegó desconocer por completo el ataque.
Aquí surge la gran incógnita: ¿qué pasó con los otros responsables? Los testimonios, las pruebas y la saña con la que se cometió el crimen apuntan a un grupo organizado, pero hasta ahora la Fiscalía no ha informado sobre la detención de los autores materiales de la tortura.
¿Se trató de un ajuste de cuentas entre grupos criminales?
¿El ataque tenía un mensaje dirigido al crimen organizado, al gobierno o a la sociedad?
¿Por qué marcar con las siglas “GN”? ¿Realmente significa de un grupo criminal»!?
La población teme que, como en otros casos de alto impacto, este crimen se diluya en el silencio institucional. La preocupación es clara: si la Fiscalía no logra dar con los verdaderos “mocha orejas”, se corre el riesgo de que este tipo de hechos se repitan, ya sea en forma de robos violentos, secuestros o ataques con un grado extremo de violencia.
Por Valentín Hierro / HBMNoticias.com









