El gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, profundizó su política de presión internacional al ordenar el cese de todo intercambio comercial con España. La medida surge como represalia directa ante la decisión del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, de no permitir el uso de las bases militares de Rota y Morón para la ofensiva bélica que Washington y Tel Aviv mantienen contra la República Islámica de Irán.
Desde la Casa Blanca, Trump confirmó haber instruido a su secretario de Comercio, Scott Bessent, para «cortar todos los tratos» con la nación ibérica. En una declaración que ignora la soberanía española, el mandatario estadounidense afirmó: «España se portó fatal. Dijeron que no podíamos usar sus bases. Podríamos usar su base si quisiéramos. Podríamos simplemente volar hasta allá y usarla. Nadie nos va a decir que no la usemos«.
La postura del Gobierno de coalición en España se ha mantenido firme frente a las amenazas previas de la administración Trump, que ya había presionado a Madrid para elevar el gasto en Defensa dentro del marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Tras el inicio de las acciones militares de EE.UU. e Israel en territorio iraní, Pedro Sánchez manifestó su rechazo a través de sus canales oficiales, calificando la intervención como una «acción militar unilateral» que fomenta un orden internacional «incierto y hostil».
«Rechazamos la acción militar que supone una escalada. No podemos permitirnos otra guerra prolongada y devastadora en Medio Oriente. Exigimos la desescalada inmediata y el pleno respeto del derecho internacional«, sentenció el jefe del Ejecutivo español.
Sánchez subrayó la urgencia de retomar la vía diplomática, insistiendo en que es posible oponerse a un sistema político sin necesidad de recurrir a una intervención militar «injustificada y peligrosa«.
La respuesta del eje Washington-Tel Aviv no se hizo esperar. El canciller israelí, Gideon Sa’ar, arremetió contra Sánchez en redes sociales, intentando vincular la postura antibelicista de España con un supuesto apoyo al terrorismo.
A estas críticas se sumó el senador republicano Lindsey Graham, quien calificó al gobierno español de «patéticamente débil» por no plegarse a la estrategia de guerra total impulsada por la Casa Blanca.
Esta nueva fractura transatlántica pone de relieve la resistencia de ciertos sectores europeos a la política de «mano dura» de Trump, mientras el mundo observa con preocupación una escalada en Medio Oriente que amenaza con desestabilizar la economía y la seguridad global.









