El uso prolongado de teléfonos celulares, redes sociales, videojuegos y otras plataformas digitales puede influir de manera negativa en el desarrollo del cerebro de niñas, niños y adolescentes, al estimular de forma prematura los mecanismos de recompensa antes de que maduren las áreas responsables del autocontrol y la toma de decisiones, advirtió la investigadora de la Universidad de Washington, Lucía Magis Weinberg.
La especialista en neurodesarrollo explicó que durante la adolescencia el cerebro atraviesa un proceso de maduración desigual. Mientras el sistema encargado de buscar recompensas alcanza un importante nivel de desarrollo alrededor de los 15 años, las regiones vinculadas con el control de impulsos, la planeación y el juicio continúan formándose hasta los 20 o 25 años.
«Es como conducir un vehículo con un motor muy potente, pero con frenos que aún no funcionan por completo», ejemplificó la experta al explicar la vulnerabilidad propia de esta etapa.
Magis Weinberg señaló que, aunque la adolescencia es un periodo clave para el aprendizaje, la creatividad y la construcción de la identidad, también representa un momento de mayor susceptibilidad a desarrollar hábitos perjudiciales y problemas relacionados con la salud mental.
Explicó que muchas aplicaciones y plataformas digitales están diseñadas para mantener la atención del usuario mediante estímulos constantes que activan los circuitos cerebrales asociados con la recompensa, favoreciendo conductas repetitivas que, en algunos casos, pueden derivar en dependencia o comportamientos adictivos.
La investigadora también advirtió que la exposición continua a las pantallas ha reducido significativamente la capacidad de concentración. Indicó que hace dos décadas una persona podía permanecer enfocada alrededor de dos minutos y medio en una tarea frente a un dispositivo, mientras que actualmente el promedio es inferior a un minuto antes de sufrir una distracción.
Asimismo, destacó que el acceso temprano a teléfonos inteligentes, particularmente antes de los 12 años, se relaciona con alteraciones en el desarrollo cognitivo y puede afectar aspectos fundamentales para el crecimiento, como la calidad del sueño, la actividad física, la alimentación, la convivencia familiar y el desarrollo de la identidad personal.
Ante este panorama, la especialista llamó a fortalecer el acompañamiento de niñas, niños y adolescentes en el uso de la tecnología. Recomendó que las familias establezcan horarios de desconexión, promuevan hábitos digitales saludables y mantengan un diálogo constante con los menores, en lugar de limitarse únicamente a imponer restricciones.
En el ámbito educativo, propuso reforzar la convivencia presencial, fomentar una cultura de uso responsable de las herramientas digitales y fortalecer el papel de los docentes en la formación de ciudadanos con criterio para desenvolverse en los entornos digitales.
Finalmente, consideró que las políticas públicas también deben contribuir a la protección de la infancia y la adolescencia mediante la regulación de los espacios digitales, el impulso de actividades presenciales y el desarrollo de plataformas adecuadas para cada grupo de edad.
Magis Weinberg concluyó que el desarrollo saludable de niñas, niños y adolescentes requiere del trabajo conjunto de familias, escuelas e instituciones para enfrentar los desafíos que plantea el entorno digital actual.




