Por Dr. Omar Bazán Flores
La inteligencia artificial ya llegó a las aulas. Está en el teléfono que utilizan nuestros jóvenes, en las empresas donde mañana trabajarán, en las universidades, en los hospitales, en la industria y prácticamente en todas las profesiones.
Por eso creo que la discusión ya no debe ser si permitimos o no la inteligencia artificial en la educación. Esa etapa quedó atrás. La verdadera pregunta es mucho más importante: ¿cómo vamos a educar a nuestros jóvenes para que sepan utilizarla sin dejar de pensar, crear, cuestionar y decidir por sí mismos?
Un reciente reporte de Associated Press, titulado “Tienen profesores mucho más trabajo para enseñar IA”, muestra cómo universidades de Estados Unidos están incorporando estas herramientas en áreas tan distintas como Psicología, Música, Recursos Humanos y Ciencias Sociales.
Esto confirma algo que desde hace tiempo hemos venido planteando: la inteligencia artificial dejó de pertenecer exclusivamente a los ingenieros, programadores o especialistas en tecnología. Poco a poco se está convirtiendo en una competencia necesaria para prácticamente cualquier profesión.
Pero detrás de esta transformación existe algo que me parece todavía más importante: el maestro.
Nuestros docentes enfrentan uno de los procesos de transformación educativa más profundos de las últimas décadas. Tienen que actualizar contenidos, conocer nuevas plataformas, modificar metodologías y, sobre todo, encontrar nuevas formas de saber si un estudiante realmente aprendió, comprendió y desarrolló una idea o simplemente pidió a una plataforma que hiciera el trabajo.
Por eso estoy convencido de que la inteligencia artificial no sustituye al maestro; hace todavía más importante al maestro.
Una plataforma puede producir un texto, resolver una ecuación, elaborar una imagen, analizar miles de datos o generar un programa informático en segundos. Pero no conoce verdaderamente al joven que tiene enfrente.
No sabe de sus sueños.
No entiende completamente sus miedos.
No puede darle el consejo que necesita en un momento difícil ni enseñarle, con el ejemplo cotidiano, el valor de la responsabilidad, el esfuerzo, la solidaridad y el respeto.
Eso sigue siendo profundamente humano.
Y ahí está el corazón de la educación que debemos defender.
CONALEP Chihuahua 2030: tecnología con sentido humano
Desde CONALEP Chihuahua estamos construyendo una visión hacia 2030 que parte precisamente de esta idea: queremos una institución altamente tecnológica, pero profundamente humana.
CONALEP Chihuahua 2030 significa preparar a nuestros estudiantes para un mundo donde convivirán diariamente con inteligencia artificial, robótica, automatización, análisis de datos, microelectrónica, semiconductores, manufactura avanzada e Industria 4.0.
Significa también fortalecer el bilingüismo, las habilidades digitales, las microcredenciales, las certificaciones de competencias, el modelo dual y una vinculación cada vez más estrecha con las empresas.
Pero nuestra visión no consiste solamente en llenar las aulas de tecnología.
Podemos tener pantallas digitales, laboratorios modernos, simuladores, bibliotecas virtuales, plataformas inteligentes y herramientas de inteligencia artificial; sin embargo, si detrás de toda esa infraestructura no existe un proyecto educativo que forme mejores personas, habremos entendido solamente una parte de la transformación.
Primero está el estudiante. Después, la tecnología al servicio del estudiante.
Ese principio debe acompañarnos rumbo al 2030.
Queremos que un joven de CONALEP pueda utilizar inteligencia artificial para diseñar una solución industrial, analizar información, desarrollar un proyecto, programar un sistema, mejorar un proceso productivo o emprender una empresa.
Pero queremos también que tenga criterio para preguntarse si aquello que está haciendo es correcto, responsable, seguro y útil para los demás.
Porque saber utilizar una herramienta no significa necesariamente saber para qué utilizarla.
Una IA que acompañe, no que sustituya
También debemos aprovechar responsablemente las posibilidades de estas tecnologías para personalizar el aprendizaje, detectar rezagos académicos, fortalecer competencias, desarrollar contenidos bilingües, apoyar la investigación y ofrecer nuevas herramientas a nuestros docentes.
Imagino el CONALEP Chihuahua de 2030 como una comunidad educativa conectada, con aulas digitales inteligentes y profesores fortalecidos por la tecnología, no desplazados por ella.
Un CONALEP donde la inteligencia artificial pueda convertirse en un asistente del aprendizaje, pero donde la última palabra educativa siga correspondiendo al maestro y al estudiante.
Porque también debemos establecer límites.
Nuestros jóvenes necesitan aprender que utilizar inteligencia artificial no significa dejar de leer, escribir, investigar, calcular, argumentar o pensar.
Al contrario.
Mientras más poderosa sea la tecnología, mayor deberá ser nuestra capacidad humana para cuestionarla.
México enfrenta además otro desafío: impedir que la revolución de la inteligencia artificial genere una nueva desigualdad entre quienes tienen acceso al conocimiento tecnológico y quienes permanecen alejados de él.
La alfabetización digital ya no puede considerarse un lujo. Debe convertirse en parte fundamental de la formación de nuestros jóvenes.
Y para lograrlo necesitamos invertir también en nuestros maestros.
La capacitación docente tendrá que ser permanente. No podemos pedirle al profesor que prepare estudiantes para las profesiones del futuro utilizando solamente las herramientas del pasado.
Necesitamos acompañarlo, capacitarlo y darle las condiciones necesarias para innovar.
Formar para el trabajo, pero sobre todo para la vida
He insistido en que la educación técnica tiene una enorme oportunidad histórica.
Las empresas necesitarán jóvenes que conozcan inteligencia artificial, automatización, programación, robótica y análisis de datos. Pero también buscarán personas capaces de comunicarse, trabajar en equipo, resolver problemas, adaptarse, aprender permanentemente y tomar decisiones.
Por eso nuestra visión CONALEP Chihuahua 2030 busca unir dos mundos que nunca debieron separarse: la capacidad tecnológica y la formación humana.
No queremos jóvenes dependientes de la inteligencia artificial.
Queremos jóvenes capaces de dominarla.
Que sepan utilizarla cuando sea necesaria y también sepan pensar sin ella.
Que puedan preguntarle a una máquina, pero que nunca pierdan la capacidad de hacerse preguntas a sí mismos.
Ese será, quizá, uno de los grandes desafíos educativos de nuestra generación.
La inteligencia artificial seguirá avanzando. Seguramente veremos herramientas que hoy ni siquiera imaginamos. Nuestra responsabilidad no consiste en detener esa transformación, sino en preparar a nuestros jóvenes para conducirla.
Porque al final, detrás de cada computadora, cada algoritmo, cada robot y cada plataforma debe existir algo que ninguna revolución tecnológica debería sustituir:
una persona con conocimiento, criterio, valores y sentido humano.
Esa es la educación en la que creo.
Y esa es también la visión que estamos construyendo para CONALEP Chihuahua 2030: tecnología para transformar, educación para humanizar y conocimiento para construir futuro




