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Barrientos La Noticia

El caso Chihuahua que desató la reacción de Washington; Del linchamiento político vs Maru a la caída de personajes clave de la 4T

Edición 054/2026

Buenos días Chihuahua, hoy es sábado 2 de Mayo de 2026

Ahora si que agárrense quienes puedan en el gobierno federal y el partido Morena.

Durante poco más de diez días, el país fue testigo de un fenómeno político tipo linchamiento que parecía calculado, pero que terminó convirtiéndose en un boomerang de dimensiones inesperadas.

Tras el accidente ocurrido en Morelos, Chihuahua —donde murieron dos agentes estadounidenses y dos agentes estatales, entre ellos el director de la Agencia Estatal de Investigación, Pedro Oseguera— la reacción del Gobierno Federal no fue la prudencia, ni la coordinación institucional, ni la mesura diplomática o humanismo. Fue un linchamiento político.

Desde Palacio Nacional y desde la propia Presidencia, se instaló una narrativa que buscaba responsabilizar a la gobernadora María Eugenia Campos de una supuesta violación a la soberanía nacional.

La acusación, repetida durante días en la conferencia matutina, escaló rápidamente: comparecencias exigidas desde el Senado, amenazas de juicio político, discursos inflamados y un coro de legisladores morenistas y de izquierda que encontraron en el accidente una oportunidad para golpear a un gobierno estatal opositor.

Pero mientras en México se construía ese relato, en Washington se leía otra historia, que no dimensionaron aquí los del régimen.

La muerte de dos ciudadanos estadounidenses de la CIA en territorio mexicano, y en el contexto de la destrucción del laboratorio de metanfetaminas más grande del país y posiblemente de Latinoamérica, no podía pasar inadvertida para la Casa Blanca.

Tampoco para el gobierno de Donald Trump, que desde el primer momento exigió explicaciones claras, sensibilidad para los elementos caídos y respeto diplomático, algo que la soberbia del gobierno morenista no los dejó ver.

Mientras en México se hablaba de violación a la soberanía, en Estados Unidos se hablaba de falta de sensibilidad, de falta de empatía y cooperación; de un gobierno federal que parecía más interesado en castigar a un estado opositor, en este caso Chihuahua gobernado por el PAN, que en esclarecer un hecho que involucraba la caída en campo de agentes norteamericanos, y que desde la Unión Americana son vistos como héroes al combatir el mega laboratorio con un valor de producción de mil millones de pesos en drogas, según cálculos de la FGE.

La narrativa mexicana chocó entonces de frente con la narrativa estadounidense. Y el impacto tuvo consecuencias enormes.

En cuestión de días, el tema dejó de ser local, de México y Chihuahua para convertirse en un asunto de alcance internacional.

La reacción estadounidense no se limitó a comunicados diplomáticos y llegó firme a los tribunales judiciales, a acciones específicas de ok, ¿no ayudas?, no valoras el trabajo que hacemos en tu país para limpiarlos de los cárteles,  entonces atente a las consecuencias.

La Corte del Distrito de Nueva York decidió actuar y abrió sin tapujos cargos de narcotráfico en contra del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha y otra decena de funcionarios y ex funcionarios, la mayoría morenistas.

Este movimiento que no vieron llegar el gobierno de Sheinbaum, cimbró al sistema político mexicano.

Rocha, que apenas horas antes aseguraba a los reporteros de su estado, haber sostenido una plática con la presidenta Claudia Sheinbaum y decía “no pasaría nada”, terminó renunciando anoche al cargo más poderoso de su estado «para no entorpecer las investigaciones», según expresó. Su comunicación física y verbal es clara, le doblaron las manos desde el centro.

El titular de la SSPE Omar García Harfuch hizo un viaje relámpago a Washington en donde sostuvo una reunión urgente con el director de la DEA y apenas ayer regresó a nuestro país. Las noticias a Sheinbaum sin duda no fueron buenas y tuvieron que doblegar a los primeros señalados de narco políticos.

Lo mismo ocurrió con el alcalde de Culiacán, quien también dejó su puesto ante el proceso judicial por narcotráfico en NY.

La señal es inequívoca: Estados Unidos ha decidido actuar  y lo hizo en un momento en que el Gobierno Federal mexicano había convertido el caso Chihuahua en un estandarte político.

La ironía no pasó desapercibida. Uno de los legisladores que más se había rasgado las vestiduras contra la gobernadora Campos, el senador Enrique Inzunza, apareció también mencionado en las acusaciones de NY por investigaciones relacionadas con redes criminales.  La misma Maru declaró antier a los reporteros de la fuente en Palacio de Gobierno que los que la citaban a comparecer en el senado, eran los propios acusados de narcos. ¿Que necesidad de ir con los malos?, justificó.

El discurso moralizante de la presidenta Sheinbaum y todos los actores morenistas -muchos que parecen cirqueros-, se desmoronó en cuestión de días, tremendo golpe mediático a su vez que los pone en una situación muy difícil .

En contra parte, hay que decirlo como es, y en este tablero complejo, la gobernadora Maru Campos emergió fortalecida no por un cálculo político, sino porque los hechos terminaron por evidenciar que Chihuahua sí colaboró para combatir un laboratorio de dimensiones históricas, sí se actuó contra el narcotráfico, y Chihuahua no mintió sobre la presencia de funcionarios norteamericanos.

Mientras tanto, el Gobierno Federal quedó atrapado en su propia narrativa, en el intento de convertir un accidente en un arma política y que terminó provocando una reacción internacional que rebasó por completo el discurso de soberanía, se abrió pues la caja de Pandora, y ahora parece que no hay poder humano de como cerrarla.

La presidenta Sheinbaum enfrenta un dilema serio, por un lado el choque entre su discurso interno populachero y la presión externa del sistema persecutor judicial más poderoso del mundo.

Como ha señalado la periodista Anabel Hernández, la lista de actores políticos mexicanos bajo investigación en Estados Unidos es larga, y lo ocurrido en Sinaloa es apenas el inicio de una nueva etapa de escrutinio internacional, pero de impacto en nuestro país que podría provocar la caída, uno a uno, de actores de primer nivel involucrados en la narcopolítica mexicana, incluso del partido en el Poder que donde la soberbia de alguno de sus integrantes, los hace hacer afirmaciones de resultados electorales mayúsculos de triunfo, cuando la contienda aún no comienza.

Parece que el discurso reciente de Trump de que EUA es el único que puede salvar a México, comienza a tomar forma, pero con el garrote judicial en la mano.

De algo no hay duda estimado lector, el linchamiento político contra un gobierno estatal terminó abriendo un conflicto diplomático, judicial y geopolítico que hoy tiene repercusiones enormes en nuestro país.

En ese contexto, la gobernadora Maru Campos no solo resistió el embate y quedó posicionada como una figura importante a nivel nacional que actuó con firmeza en un operativo que Estados Unidos consideró relevante y que el Gobierno Federal intentó convertir en un escándalo interno.

El boomerang regresó.

Y regresó con fuerza.

Veamos quienes seguirán cayendo.

Al tiempo.

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