Investigación especial.
Cuando Venezuela dejó de ser el pulmón energético de Cuba por el colapso de PDVSA, las sanciones internacionales y la caída histórica de su producción petrolera, pocos imaginaron que México —un país con su propia crisis energética y una empresa estatal endeudada hasta el límite— ocuparía ese vacío. Sin embargo, documentos financieros, reportes regulatorios y movimientos aduanales muestran que eso es exactamente lo que ocurrió.
En el centro de esta operación aparece una figura poco conocida para la mayoría de los mexicanos: Gasolinas Bienestar, S.A. de C.V., una filial de Pemex creada durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y señalada por especialistas como el vehículo mediante el cual México ha terminado financiando, de manera encubierta, el consumo energético de la dictadura cubana.
*Una empresa “privada” hecha con dinero público.
Gasolinas Bienestar fue constituida como sociedad mercantil en 2022 por ordenes del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador. Aunque su capital proviene de Pemex —es decir, del erario— su diseño legal le permite operar como empresa privada, lo que la coloca fuera de varios mecanismos de transparencia que sí aplican a las entidades paraestatales.
Esa estructura no es casual. Cuando ciudadanos y organizaciones han solicitado información sobre pagos, contratos o condiciones de exportación hacia Cuba, Pemex ha respondido que Gasolinas Bienestar “no es sujeto obligado” en materia de transparencia. En otras palabras: maneja recursos públicos, pero se escuda en una figura privada para no rendir cuentas.
Para especialistas en derecho energético y transparencia, este blindaje es un foco rojo. La Constitución mexicana establece que cualquier entidad que administre recursos públicos debe transparentar su uso, independientemente de su forma jurídica. Gasolinas Bienestar opera en el límite —o fuera— de ese principio.
Ventas millonarias, utilidades mínimas y deudas gigantescas.
Los estados financieros de Gasolinas Bienestar revelan una contradicción profunda entre el volumen de exportaciones y su rentabilidad.
– En su primer año, reportó ventas por más de 6,200 millones de pesos, casi todas provenientes de Cuba.
– Su utilidad antes de impuestos fue de 418 mil pesos, una cifra insignificante frente al volumen de operaciones.
– Tras gastos y ajustes, la empresa cerró en números rojos.
– Su capital contable ronda los 149 millones de pesos, pero sus pasivos superan los 5,800 millones.
– La mayor parte de esa deuda es con Pemex Exploración y Producción, que tiene más de 4,600 millones de pesos en cuentas por cobrar a la filial.
En términos simples: México vende petróleo a Cuba a través de una empresa que pierde dinero, se endeuda con su propia matriz y opera con márgenes que no existen en el mercado internacional.
Para analistas, esto no es un negocio: es un subsidio disfrazado.
El flujo de petróleo: millones de barriles rumbo a La Habana.
Los reportes de Pemex enviados a autoridades regulatorias y a inversionistas muestran un patrón claro: los envíos a Cuba no solo no disminuyeron, sino que crecieron de manera acelerada.
– Entre julio de 2023 y septiembre de 2024, México envió alrededor de 10 millones de barriles de crudo y derivados a Cuba.
– El valor aproximado de esas exportaciones fue de 15,600 millones de pesos.
– En un solo mes de 2025, se registraron 39 embarques hacia la isla, con un valor superior a 850 millones de dólares.
– Además del crudo, se enviaron más de 132 millones de litros de gasolina regular, diésel y turbosina.
Mientras tanto, las exportaciones mexicanas de petróleo hacia Estados Unidos —un mercado solvente y transparente— cayeron cerca de 40% en dos años.
México reconfiguró su mapa energético sin explicarlo públicamente.
La sombra de Venezuela: el relevo silencioso.
Durante dos décadas, Cuba sobrevivió gracias al petróleo venezolano. Pero cuando la producción de PDVSA se desplomó y Caracas dejó de enviar crudo subsidiado, La Habana quedó al borde del colapso energético.
Fue entonces cuando México entró en escena.
Los envíos de Gasolinas Bienestar coinciden con el declive venezolano y con la necesidad urgente del gobierno cubano de encontrar un nuevo proveedor dispuesto a vender en condiciones favorables. Para especialistas en geopolítica, México asumió —sin anunciarlo— el papel que antes jugaba Venezuela: el financiador energético de la isla.
La diferencia es que Venezuela lo hacía como parte de un proyecto político regional. México lo hace a través de una empresa opaca, endeudada y con pérdidas que terminan absorbiendo los contribuyentes.
Opacidad como política de Estado.
La negativa sistemática de Pemex a transparentar los términos de pago de Cuba ha generado sospechas sobre la capacidad real de la isla para cubrir sus adeudos. La historia reciente muestra que Cuba suele pagar tarde, pagar menos o pagar con acuerdos políticos, no con dinero.
Sin embargo, Gasolinas Bienestar sigue enviando petróleo.
La falta de claridad sobre:
– si Cuba paga,
– cuánto paga,
– cuándo paga,
– y bajo qué condiciones, abre la puerta a la posibilidad de que México esté financiando directamente el consumo energético cubano.
Organizaciones de transparencia han advertido que este tipo de acuerdos pueden comprometer la seguridad energética del país y la estabilidad financiera de Pemex, que ya enfrenta una deuda histórica superior a los 100 mil millones de dólares.
El costo político y social de un subsidio no declarado.
El gobierno mexicano ha presentado estos envíos como exportaciones comerciales. Pero los números, la estructura financiera y la opacidad cuentan otra historia: México está sosteniendo a Cuba con petróleo barato, financiado con deuda pública y operado mediante una empresa diseñada para no rendir cuentas.
La pregunta que queda en el aire es simple y brutal:
¿Quién autorizó que México se convirtiera en el nuevo patrocinador energético de Cuba?.
No fue el Congreso.
No fue la ciudadanía.
No fue un debate público.
Fue una decisión tomada en silencio por los presidentes de la República emanados de Morena, ejecutada a través de una empresa opaca y financiada con recursos de una petrolera que, en el discurso, “es de todos los mexicanos”.









