
Edición 033/2025
Editorial:
Chihuahua llega al cierre del año 2025 con una herida abierta que no deja de sangrar: la inseguridad.
Aunque las cifras oficiales presumen ligeras disminuciones en algunos delitos, la realidad cotidiana —la que viven automovilistas despojados en carretera, familias migrantes aterrorizadas y comunidades enteras sometidas por la extorsión— cuenta una historia muy distinta.
Una historia que hoy coloca al estado en el centro de las alertas internacionales y en los primeros lugares nacionales de violencia letal.
Las cifras preliminares del INEGI muestran que Chihuahua registró 2,305 homicidios en 2024, una reducción respecto a 2023, pero que mantiene al estado entre los primeros lugares nacionales.
Otras mediciones señalan 1,678 homicidios dolosos en 2024, colocándolo en cuarto lugar nacional.
La tasa estatal sigue siendo alarmante: 60 homicidios por cada 100 mil habitantes, más del doble del promedio nacional de 25.6.
El fin de semana pasada aparecieron hasta descabezados, el salvajismo en toda su expresión.
En otras palabras: aunque algunos números bajen, Chihuahua continúa siendo uno de los estados más letales de México.
La violencia carretera se ha convertido en un símbolo del deterioro de la seguridad.
Los testimonios se multiplican: familias despojadas de sus vehículos a mano armada, transportistas obligados a detenerse bajo amenaza, y ahora paisanos que regresan por tierra desde Estados Unidos, convertidos en presa fácil de grupos criminales.
Tan solo la semana pasada grupos de paisanos volvieron a ser despojados de sus vehículos en la carretera Chihuahua a Parral, con todas sus pertenencias. La impunidad es total.
El mensaje es claro: las carreteras de Chihuahua dejaron de ser rutas de tránsito para convertirse en corredores de riesgo.
El deterioro no solo se percibe dentro del estado. También se ve desde fuera.
El Gobierno de Canadá actualizó su alerta de viaje y colocó a Chihuahua entre los 13 estados de México considerados de alto riesgo, recomendando evitar viajes no esenciales debido a violencia, enfrentamientos armados, secuestros y robos.
La advertencia es contundente:
Los grupos criminales están activos en todo el país y los choques armados pueden ocurrir sin previo aviso.
Que un país aliado recomiende no visitar Chihuahua es un golpe directo a la imagen internacional del estado y a su economía.
Extorsión: el delito que crece en silencio.
Mientras los homicidios ocupan los titulares, la extorsión avanza como una epidemia silenciosa.
Datos del Censo Nacional de Seguridad Pública Estatal muestran que Chihuahua registró 1,574 casos de extorsión cibernética atendidos por la Policía Estatal en 2024, colocándose en sexto lugar nacional.
En 2025, solo hasta agosto, ya se habían atendido **1,252 casos adicionales**, casi un 80% del total del año anterior.
Las modalidades van desde:
– llamadas intimidatorias,
– fraudes digitales,
– extorsiones que simulan secuestros virtuales,
– hasta amenazas con imágenes manipuladas.
La extorsión ya no es un delito aislado: es un ecosistema criminal que opera con impunidad y que afecta tanto a ciudadanos como a negocios.
Chihuahua termina el año atrapado entre dos realidades:
La oficial, que habla de reducciones porcentuales.
La cotidiana, donde la violencia sigue marcando la vida pública.
La pregunta no es si Chihuahua mejoró o empeoró.
La pregunta es: ¿por qué, pese a todo, la ciudadanía no siente esa supuesta mejoría?.
La respuesta está en las carreteras tomadas, en los paisanos despojados, en las alertas internacionales, en la extorsión que crece y en la impunidad que se normaliza.
Chihuahua no cierra el año en paz.
Cierra el año en alerta.









