
Edición 020/2025
Buenos días Chihuahua.
Este miércoles 24 de septiembre a las 9:00 horas, el activista Jaime García Chávez convocó a una manifestación frente a Palacio de Gobierno en Chihuahua, denunciando lo que él considera corrupción en torno al caso del exgobernador César Duarte.
La protesta, aunque legítima en su contenido, despierta interrogantes sobre el momento elegido para su reaparición pública.
Durante el sexenio de Javier Corral (2016–2021), García Chávez mantuvo un perfil bajo, demasiado discreto, sin convocatorias ni posicionamientos visibles de la llamada Unión Ciudadana, a pesar de que el gobierno panista prometía combatir la corrupción heredada por Duarte.
Parecía que no quería afectar la imagen del gobierno de su entonces amigo Javier Corral.
Su silencio se extendió durante los primeros cuatro años del actual gobierno de María Eugenia Campos Galván, también del PAN, sin que se registraran acciones similares. ¿Por qué ahora?
La manifestación ocurre en un momento clave: el inicio del ciclo preelectoral rumbo a 2027. Aunque faltan dos años para la renovación del Ejecutivo estatal, los movimientos políticos comienzan a agitarse.
La reaparición de García Chávez podría leerse como un intento de reposicionamiento en el debate público, o incluso como un gesto para influir en la narrativa de la izquierda local, que busca recomponerse tras años de dispersión.
Algunos observadores señalan que el timing de la protesta no es casual. La denuncia contra Duarte, aunque vigente, no es nueva, nada puede hacerse al respecto debido a que solamente se le puede juzgar por la causa por la que fue extraditado.
El ballezano duro varios años en la cárcel, pero su juicio no ha empezado por dilataciones jurídicas.
Lo que sí es nuevo es el escenario político: una ciudadanía más crítica, una oposición fragmentada, y una izquierda que busca referentes con credibilidad de cara a los próximos comicios. García Chávez, con su historial de lucha, podría estar apostando por recuperar protagonismo en un momento de vacío discursivo.
El prolongado silencio del activista durante dos administraciones panistas plantea dudas legítimas. ¿Fue prudencia, desencanto, o cálculo? ¿Por qué no se alzó la voz cuando Corral, quien prometió justicia, no logró concretar una sentencia firme contra Duarte? ¿Por qué esperar hasta ahora, cuando el desgaste institucional y la polarización ofrecen terreno fértil para la crítica?.
Veamos el poder de convocatoria que tendrá el político de izquierda, pero sobre todo si no se trata de una llamarada de petate que solo busca agitar, atraer reflectores con un interés político electoral, ayudar a Morena a llegar al poder ejecutivo estatal en las próximas elecciones.
¿Los chihuahuenses le creerán?.
¿El neomorenista Javier Corral su viejo amigo, estará detrás?
Al tiempo.









